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La bella Ruta de Las Xanas en invierno y primavera

 
 





Para acceder a la atractiva aldea de Pedroveya pueden hacerlo desde la N-630, desde Argame, o desde el pueblo de Villanueva en el valle de Proaza, por una carreterina que está muy bien. He querido desdoblar esta bellísima, corta, agreste y mágica ruta en 2 estaciones, invierno y primavera, para que vean que ni el mal tiempo le resta un ápice a su belleza.





La iglesia muy visitada por San Melchor de Quirós y el tejo de Pedroveya, son el punto de referencia al inicio o final de la ruta de Las Xanas, tanto si empezamos la excursión desde el pueblo de Villanueva (junto a la ruta del Oso, cerca de Santo Adriano) o desde la iglesia.





El descenso por esta suave pradería nos acortará la senda que inicia la ruta y al entrar en el mágico bosque junto al río Las Xanas, es fácil encontrarse ardillas que disfrutan comiendo las avellanas que guardan en su despensa natural.





Paisaje de la ruta de Las Xanas en primavera. Es tan relajante y cómoda esta ruta que muchos psiquiatras la utilizan como una de sus terapias vitalistas.





Ruta de Las Xanas en primavera. Escuchen en silencio la armónica melodía de tanta belleza natural.





Ruta de Las Xanas. Espero que mis fotos les motiven a vivir su singular experiencia que seguro repetirán.





Para llegar a la intimista, abrupta y bellísima ruta de Las Xanas, que está a 19 km. de Oviedo, en el centro de Asturias, deben coger la salida 34 de la A-66 a 7 km. de Oviedo, y a 1 km. de Soto de Ribera en la CN-630 hacia Mieres, en Argame, desviarse hacia Pedroveya (10 km.), dejar el coche junto a la iglesia y descender por la pradería en línea recta (como se ve en la foto) hacia el desfiladero.





El atajo que hemos tomado junto a la iglesia de Pedroveya nos ha permitido confluir con el camino que, junto al río Las Xanas, nos adentra en el impresionante desfiladero hacia Villanueva, en el valle del río Trubia, y nos ha evitado tener que cruzar el río y perder 10 minutos, al reducir el camino.





Ni los rigores del pleno invierno se atreven a restar ni un ápice de la belleza espectacular de esta mítica y cómoda ruta. Mirando hacia lo alto podremos observar cabras casi salvajes pastando con la tranquilidad de su privilegiada y aislada situación, sólo compartida con diversas especies de aves rapaces.





A pesar de que no hay quitamiedos ante los precipicios, a lo largo de la mayor parte de la ruta hay pasamanos de soga anclados en la roca, con el fin de que las personas que tengan vértigo (o de menor edad) puedan sentirse protegidas. La ruta tiene un piso sencillo y cómodo encontrándose solamente algo de barro al inicio, al acabar el prado, por ir la senda junto al río, por lo que deben llevar zapato impermeable y bastón de apoyo.





Después del suave paseo por este paradisíaco camino, la garganta se ensancha y abajo (al fondo de la foto), vemos la aldea de Villanueva, junto al valle del río Trubia, que es el final o el inicio de esta ruta. Debido al gran desnivel que hay que salvar, les recomiendo que después de haber andado 45’ por toda la garganta, desde la iglesia de Pedroveya, vuelvan a la misma, disfrutando otros 45’ de uno de los mejores paisajes de toda Asturias.

 
     
     

 
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